Más allá del retrato: ¿cómo capturar una historia humana en cada fotografía?
- Claudio

- hace 6 días
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Durante años he escuchado decir que una buena fotografía depende de la cámara, de la luz, de la técnica; o más probablemente de todas las anteriores.
Y sí; todo eso importa, pero con el tiempo —y con miles de personas frente a mi lente— he aprendido que lo verdaderamente importante ocurre antes de levantar la cámara, porque creo fielmente que el retrato no se hace cuando acciono el obturador, sino que cuando logro ver a la persona, su esencia y por sobre todo, entender el propósito de cada imagen.

Para mí, el retrato no es una pose ni una instrucción técnica, sobre todo porque cada fotografía, persona, momento y lugar constituyen una historia, una luz y prácticamente un todo, que es distinto en cada caso. Para mí más bien es un punto de encuentro. Un pequeño espacio de confianza donde alguien decide, consciente o inconscientemente, mostrarse tal cual es...
Ahí es cuando para mí aparece la historia.
Y no siempre es evidente. A veces está en una mirada sostenida. Otras, en un silencio, o en un gesto mínimo. La fotografía documental me enseñó a observar esos momentos sin intervenir demasiado, a entender que la verdad y esos momentos únicos suelen aparecer cuando dejamos de forzarlos.

Vengo del mundo de la publicidad, donde cada imagen y segundo de una historia, tiene una intención clara. Ese ejercicio visual constante nunca se va. Pero con los años entendí que, en el retrato, la historia no se construye; sino que en cierto modo se va revelando en el momento.
Habiendo viajado por distintos países y presenciado distintas culturas e historias, puedo decir que hay un contrato invisible entre el fotógrafo y la persona que está del otro lado. No es llegar y poner una cámara en frente de alguien, pero una mirada honesta basta, para muchas en silencio permitir que ese momento exista y logre ser capturado,.
En ese sentido, mi trabajo como fotógrafo profesional ha sido aprender a leer a las personas, no necesariamente briefs formales, ni requerimientos de marketing; sino que escuchar más que hablar y en muchos casos a esperar más que disparar.
Cuando eso sucede, el retrato deja de ser solo una imagen "bonita" y se transforma en una historia real.
Cada retrato es un registro irrepetible. No solo de cómo alguien se veía, sino de cómo estaba en ese momento de su vida.
Eso es lo que más me mueve de la fotografía: saber que una imagen puede transformarse en memoria, en un recuerdo, un testimonio, e incluso en un legado.
Por eso me tomo el tiempo de entender la fotografía antes del disparo, para lograr construirla desde la empatía, la observación y el respeto. Si algo he aprendido en este camino —como publicista, fotógrafo y creador de contenidos— es que las imágenes que perduran no siempre son las más perfectas, sino que las más honestas.
Ahí está para mí el verdadero desafío del retrato; no mostrar cómo somos necesariamente por fuera, sino permitir que, al menos por un instante, se logre ver quiénes realmente somos por dentro.
En fin, quería compartir con ustedes esta breve reflexión, dado que he hecho muchos retratos en mi vida, y en muchos de ellos he logrado interpretar a las personas a través de una imagen, y en sus propias palabras he podido atestiguar cómo las personas se sorprenden al verse confrontados con una versión de ellos mismos, a través de mi lente.
Sin duda la fotografía es una de las mejores cosas que me pasó en la vida, por eso me remito a titular esta historia desde lo humano y la esencia de cada ser, a través del lente de mi cámara.
Nos vemos pronto y muchas gracias por leerme.
Claudio Ramírez,
Fotógrafo profesional .
Santiago de Chile.

















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